Sabía que la música tiene el poder de estimular sentimientos, disparar recuerdos, relajar, excitar… Pero no me había dado cuenta de lo potente que puede llegar a ser y de las emociones tan fuertes que esconde detrás hasta que en una residencia de mayores lo comprobé hace unos días de persona. Uno de los familiares que estaba allí de visita sacó un pequeño mp3, que enchufado a unos minúsculos altavoces fue suficiente para hacer vibrar al unísono un buen número de personas que hasta hacía unos minutos antes permanecían en silencio y cabizbajas. La escena fue preciosa, la música empezó a sonar, las miradas se alzaron, empezaron a dar palmas, una sonrisa se dibujó en sus caras y lo más fascinante de todo fue ver como algunas de las señoras se levantaban de sus sillas de ruedas para mover el cuerpo al ritmo de las canciones.
La satisfacción era tal al ver esa imagen que pensé en lo necesario de llevar siempre consigo ese mp3 que ponga música en nuestra vida y que haga sonar a cada uno a su ritmo.
Sea cual sea nuestro estado emocional, edad, cultura, género, en compañía o a solas… ¡Escúchala!
