lunes, 25 de abril de 2011

El industrial y el pescador

Un rico industrial del norte se molestó al encontrar a un pescador del sur tranquilamente recostado en su barca y fumando en pipa.
-¿Por qué no has salido a pescar?- preguntó el industrial.
-Porque ya he pescado bastante por hoy- respondió el pescador.
-¿Y por qué no pescas más? – insistió el industrial.
-¿Y qué iba a hacer con los peces? – preguntó a su vez el pescador.
- Ganarás más dinero- fue la respuesta-. De ese modo podrías poner un motor a tu barca. Entonces podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Entonces ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon. Pronto ganarías para tener dos barcas… y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico como yo. 
-¿Y qué podría hacer entonces?- pregunto de nuevo el pescador.
- Podrías sentarte y disfrutar de la vida -  respondió el industrial.
-¿Y qué estoy haciendo en este preciso momento?- respondió satisfecho el pescador.
Anthony De Melho

miércoles, 6 de abril de 2011

El banco de las ideas

Salió corriendo, dejando tras de sí, un sonoro portazo que retumbo los frágiles cimientos de la casa. Estaba pletórica, exultante de felicidad. Continuo corriendo sin una dirección concreta durante al menos veinte minutos. Poco a poco, exhausta de la gran descarga de adrenalina concentrada en tan poco tiempo, empezó a suavizar el paso dirigiéndose hacia el parque de la gran avenida. Entró en el parque con aires triunfales mientras sus andares mucho más lentos y pausados se coordinaban con unos pensamientos cada vez más meditados. Caminó a lo largo del parque, mientras observaba los abuelos paseando a sus nietos de aquí para allá, un par de hermanos que al unísono se columpiaban en las cadenas, y unas señoras que cargadas de bolsas volvían a casa desde el mercado.
Finalmente llegó a su banco, lo llamaba el banco de las ideas.
Se giró alrededor, estaba sola. Aquel era su espacio, allí era ella.
Agarró fuertemente la carta que, con tanto ímpetu la había hecho salir de ese modo de casa, y de repente un extraño frio comenzó a recorrer todo su cuerpo. Una tras otra las dudas comenzaron a asaltar en su cabeza. ¿Por qué? se preguntaba, es lo quería ¿no?, sabía que dentro del sobre estaba la respuesta que durante tanto tiempo había ansiado encontrar. Miedo y curiosidad se debatían en su interior.
En esos mismos instantes una imagen muy familiar se cruzó entre las dudas y el miedo, y esa inmensa e incontrolada curiosidad.
Esa nítida y tranquilizadora visión, que la cargó de una  energía tan especial, era su abuelo. Miró entonces de nuevo hacia sus manos, observó cuidadosamente el sobre y entonces lo abrió.