jueves, 3 de marzo de 2011

Gotas

Mientras el tren serpenteaba las montañas cubiertas por la nieve, una mirada fija e intensa, de ojos grandes como platos se reflejaba sobre el cristal. Atenta, como si no quisiera perderse ni un momento de lo que sucedía ahí fuera.
Por unos segundos pierde el contacto con la realidad, mientras los pensamientos se suceden, uno detrás de otro sin conexión aparente, y en menos de un microsegundo vuelve de nuevo en sí.  
La ventana está ahora empañada por unas gotas, asustada las mira, y muy lentamente, acerca su mano a la cara frotándose las mejillas. Suspira tímidamente, se relaja un instante y con un leve aliento, recoloca sus hombros en una posición más cómoda. Volviendo de nuevo su vista hacia afuera, desliza sus dedos suavemente hacia la ventana acariciando el cristal. En ese mismo instante, aliviada, se da cuenta que lo que pensaba fueran lágrimas en su rostro, eran únicamente unas gotas de agua reflejadas en el cristal, únicamente unas inofensivas gotas de agua.

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